A todas las que no somos tan “tequis” ó más bien clasificadas como Babyboomers  (nacidas 1945 y 1964) ó Generación X ( nacidas 1965 y 1981) o de mas atrás, somos de la opinión de que estos aparatos tecnológicos son una maravilla. Qué tiempos aquellos en que nuestros trabajos de escuela  los hacíamos en máquinas de escribir, ¡y que no te equivocaras!, por que ahí estábamos con las laminitas blancas para borrar.

Posteriormente, llegaron las computadoras con tamaño decente que ya podías tener en casa, porque las primeras eran un armatoste que ocupaban todo un cuarto. Lo malo era  que imprimían a paso tortuga, tenían hoyuelos en los lados de las hojas y después de imprimir había que tener cuidado de no romper la hoja quitando orillas.

Esto es un poco de contexto para las millenials (nacidas entre 1982 y 1994), ya que les debe dar risa nuestras anécdotas “prehistóricas”. Para ellas, que están muy adaptadas a la tecnología, la vida virtual es una extensión de la vida real. Mientras que para nosotras, las no millenials, nos cuesta un poco más de trabajo y esfuerzo entender el hambre virtual de nuestros hijos.

Nuestros hijos e hijas, considerados generación Z o Centennials (nacidos a partir de 1995 y hasta el presente) son nativos digitales. Tienen como característica ser autodidactas y creativos, se incorporan rápidamente a conocimientos nuevos, y es ahí donde entra la nueva versión de la libreta. Llamémosla “libreta con Wi Fi”. Disculpen pero esto vino a revolucionar todo lo que entendíamos como tecnología en el salón de clase y nos convierte a nosotras en, como quien diría, “old timers”. No se ofendan yo también entro en esa descripción.

Mamás, no se alarmen, claro que sigue funcionando la libreta, tampoco podemos dejarle todo a las apps. La libreta sigue siendo básica, sobre todo para los alumnos de nivel pre- escolar y primaria. El verlos cómo se expresan libremente con lo que sea, llámese pintura, colores, garabatos y demás, seguirá siendo una experiencia única, tanto para ellos como para nosotras.

 

Sin embargo el alcance cognitivo que tiene la libreta con WiFi es inmenso. Si se utiliza de manera adecuada, es la herramienta perfecta para que los niños puedan conectarse con su imaginación.

En nuestros tiempos, volviendo a las “old timers”, el expresar tu idea quedaba limitada por tu capacidad de dibujo, cálculo, matemáticas o diseño. Ahora, nuestros hijos solo deben buscar la aplicación o la herramienta que logre plasmar su idea de la mejor manera. Sin tener que ser un gran arquitecto o artista, este lienzo tecnológico lo ayuda a expresarse con la misma habilidad que un arquitecto, diseñador, etc.

 

Ahora, la pregunta del millón ¿cómo logro que mi hijo deje de jugar y pueda sacarle provecho?

Paso 1. Inviértele  tiempo a descubrir las funciones de la libreta con WiFi, moviéndole, picándole a todo para que lo experimentes y puedas hacer click con él. No podemos hablar de algo que no conocemos y tu hij@ lo ama, así que nos conviene más aliarnos que hacerlo enemigo.

Paso 2. Te invito a practicar con situaciones en el día a día, por ejemplo, si es pequeño pedirle nos ayude con la lista del súper electrónica, puede que no sepa escribir puede tomar fotos de los objetos que le pidas y después irlos eliminando contigo en el súper, así te quitas de que esté inquieto mientras compras.

Si tu hijo o hija es de mayor edad, puedes pedirle que realice un poster con los objetos que desea y haga un aproximado de cuanto es el total de ellos. Puedes negociar que si lo hace bien hasta se lo cumples .

Si tu hijo o hija ya está por convertirse en adolecente puedes sugerirle rediseñe su cuarto y si te parece, pueden iniciar juntos la realización de su idea.

 

El realizar algo de manera palpable cuando en un principio sólo era una idea, genera en tu hij@ confianza, seguridad, independencia, activas su pensamiento critico, le permites conectar lo que aprende en clase con la realidad, lo que le convierte en un ser humano capaz de coexistir con su entorno. ¡Wow! Las libretas de antes no lograban hacer esto tan palpable. Ojo, tampoco hay que llegar al extremo de ir al restaurante y que cada quien esté “creando”, aislado en la mesa, sin hablar con el ser humano de enfrente, o que los viajes sean en silencio porque cada quien está en su mundo virtual.

La clave está en encontrar el equilibrio entre la realidad y lo virtual, y la base del éxito en la educación, tanto en casa como en la escuela, es el comunicarnos .

Pues no seremos Centennials, pero nuestra luchita hacemos por embonar en este mundo digital.

Conservando lo esencial,  que nada de lo virtual te puede dar el Amor y la paciencia de dedicarle tiempo a convivir  al estilo de  “la vieja escuela” con tus seres queridos.

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