Sofía es una adolescente como cualquier otra, creció en una familia con dos hermanos —siendo ella la menor—, y sus papás, quienes han sido hasta la fecha padres presentes en la vida de sus hijos.

En la escuela, Sofía comenzó a escuchar cómo sus amigas hablaban de artistas, bloggers, ropa de moda; y lo que antes no le llamaba la atención, ahora comenzaba a hacerlo.

Un día, escuchó que sus amigas hablaban de “Dietas”, ¿Qué será eso? se preguntaba ella, y al seguirlas escuchando, ellas hablaban de cómo bajar de peso y de qué alimentos tenías que dejar de comer para bajar más rápido de peso; toda esta conversación era en base a lo que sus amigas habían escuchado en otras partes.

A Sofía nunca le había interesado el tema de la comida, y tampoco saber si ella necesitaba o no perder peso, simplemente nunca lo había pensado…

De pronto, comenzó a notar cómo las artistas y bloggers que ella seguía en sus redes sociales, tenían cuerpos parecidos entre sí, eran muy delgadas, también comenzó a notar que ellas tomaban fotos de las comidas “especiales” que consumían.

Empezó a observar a detalle: ¿Qué tipos de preparaciones eran?, ¿qué alimentos llevaban esas preparaciones?, y de pronto sin saber mucho sobre el tema comenzó a comerlo ella también.

Ella no sabía si su cuerpo se encontraba bien o no, ella no tenía idea si su peso era correcto o si estaba inferior o superior al peso ideal para su edad. Ella solo sabía que hablar de dietas estaba “DE MODA” y que consumir alimentos y preparaciones que comían las artistas y bloggers que ella seguía, era “COOL”.

Durante esas semanas siguientes, Sofía era la sensación en la escuela, pues ya se había dado a la tarea de informarse mucho sobre el tema, y ahora era ella quien les daba la nueva información a sus amigas sobre “las dietas de moda”; ¡ella se sentía genial!

Su mamá simplemente no la entendía, era anticuada, pues todo el tiempo le decía que tenía que comer bien, y Sofía sabía que comer “bien” o “de todo” significaba: “no ser cool”.

 

Pasaron unas semanas y Sofía comenzó a cambiar: la selección de alimentos cada día se hacía más restrictiva, al igual que las palabras que Sofía pronunciaba con su familia también se hacían cada día más selectivas.

Ella comenzó a perder peso, al principio eso le encantaba, pues hacia que sus amigas le preguntaran más sobre su nuevo tema favorito, pero cuando la pérdida de peso se hizo más evidente, ya no era tan divertido…

Toda su ropa le quedaba holgada, ella no tenía humor para hacer nada, siempre estaba cansada, y lo peor de todo, es que todo lo que las personas a su alrededor hablaban, hacía que ella se sintiera molesta.

Su estado de ánimo dependía siempre de la comida, por ejemplo: si ella consumía solo los alimentos que ella tenía catalogados como: “permitidos”, eso significaba que sería un buen día. En cambio, si alguien la presionaba para comer algo de lo que ella consideraba como: “prohibido”, entonces tendría un mal día.

Sofía sólo se tenía permitido comer de una lista de 10 alimentos que ella había catalogado como: “sus alimentos permitidos”, estos alimentos contenían muy poco aporte calórico, y escogía un solo alimento de esa lista por tiempo de comida.

Sus papás comenzaron a alarmarse muchísimo, hablaron con ella y le hacían ver la importancia de que ella comiera como lo hacía antes, ¡pero ella sentía que nadie la entendía!

Todos querían que ella subiera de peso, ¡todos estaban en su contra!

Comenzó a no querer hablar con nadie, pues todos le decían lo mal que estaba o se veía.

Y por mas que sus papás le explicaran lo importante que era para su crecimiento y desarrollo que ella comiera saludable, todo terminaba en enojos, gritos y con ella encerrándose en su cuarto.

 

Sofía dejó de salir con sus amigas, dejó de ir al cine y de ir a reuniones familiares, siempre inventaba una excusa nueva, decía que tenía proyectos escolares, una tarea muy importante o simplemente que estaba cansada… Sin embargo, la realidad era que le aterraba ir a cualquier lugar que hubieran alimentos de por medio… Le aterraba no tener el control sobre las calorías que iba a consumir, y le aterraba verse obligada a consumir algún alimento que no estuviera dentro de su lista.

Al paso de los meses, Sofia cambió, ya era otra persona, no reía, no tenía amigas, no convivía con su familia, no tenía estados de ánimo.

La indiferencia y la tristeza eran su semblante diario.

Sus papás, ya frustrados y desesperados, hablaron con ella y le explicaron que necesitaba ayuda profesional.

Ella, con aquella indiferencia que la caracterizaba en esos días, solo pensó, que no importara con quién la llevaran, ella no cambiaría su forma de ver la comida.

Ya era un poco tarde…. su mente estaba dominada…

Sus papás acudieron con profesionales de la salud, y ellos les informaron la gravedad del caso de Sofía.

Les explicaron las consecuencias de una Desnutrición Severa, y en ese momento, entendieron su realidad: Su hija se moría en vida…

Su hija ya no comía, ya no reía, ya no conversaba, no interactuaba… Su hija se les esfumaba poco a poco…

Sus padres la internaron en un centro especializado para atender Trastornos de la Conducta Alimentaria, un centro que contaba con ayuda Médica, Psicológica y Nutricional.

Médicamente, Sofía necesitaba restaurar su cuerpo, necesitaba que se monitoreara el daño y la recuperación que su cuerpo iba teniendo.

Psicológicamente, Sofía necesitaba entender lo mal que se encontraba, necesitaba verlo, necesitaba darse cuenta porqué su mente dejó que esos pensamientos sobre la comida se convirtieran en algo tan serio y restrictivo.

Nutricionalmente, Sofía necesitaba ver la comida como un amigo, un aliado que nos nutre y nos hace estar fuertes y saludables.

Fue un proceso largo, pero a base de mucho esfuerzo y trabajo, Sofia salió adelante…

Sofía hoy voltea atrás y pasa el trago amargo de lo que aquellos meses dejaron en ella.

Trabaja día con día en restaurar el daño que hizo a su cuerpo, queriéndolo y amándose a sí misma.

Sofía fue una paciente con un Trastorno de la Conducta Alimentaria que hoy puede decir: “¡SALÍ ADELANTE!” Pero existen muchas otras historias de pacientes que no logran vencer ese demonio y que son atormentadas día con día.

No es vida vivir así; sin embargo tampoco fue elección de esos pacientes padecer ese trastorno.

Es un pensamiento que llega sin avisar, y que si te encuentra en un momento vulnerable se alberga en tu mente y crece…

Este 2 de junio celebramos el día mundial de la Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Cada día, esta enfermedad llega a más familias, y cada vez se reconoce más la seriedad de ésta y de la importancia de que nosotros, como sociedad, estemos informados sobre su evolución y sus consecuencias.

Informémonos sobre su tratamiento y las maneras de cómo podemos ayudar a quienes padecen algún Trastorno de la Conducta Alimentaria.

 

Este 1 de junio Comenzar de Nuevo A.C y el Tecnológico de Monterrey nos invitan a un evento para celebrar el día mundial por la Acción de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, donde se impartirán pláticas sobre estos trastornos y la forma en cómo nosotros como sociedad podemos ir rompiendo el  estigma con el que relacionamos a los pacientes que los padecen.

Consulta el evento aquí para más información.

 

Es un enfermedad real, y es una enfermedad que puede ser mortal.

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